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Horacio Calderón, Analista Internacional en región MENA

El Instituto de Seguridad Global Argentina ha realizado un reportaje al reconocido analista internacional Horacio Calderón, experto en asuntos del Medio Oriente y África del Norte.

Horacio Calderón ha dedicado casi treinta años al estudio del fenómeno extremista islamista, y es autor de numerosas obras, dentro de las que se encuentra una biografía del coronel Muammar Khadafi, una obra sobre doctrinas comparadas entre los escritos del líder libio y otros autores, y un opúsculo sobre el estatuto de la ciudad de Jerusalén.

En su extensa carrera, ha sido el responsable de desarrollar acciones y negociaciones en el exterior como representante oficial ante Estados árabes. Actualmente es colaborador de importantes cadenas como CNN en Español, RCN / NTNT24, entre otras, quienes suelen invitarlo especialmente para abordar las cuestiones que se desarrollan en regiones del Levante, Medio Oriente y África del Norte. Asimismo, colabora frecuentemente con numerosos programas de televisión y radiales de Iberoamérica -en general- y la Argentina -en particular-.

He aquí nuestras inquietudes.

ISG: ¿Cómo caracterizaría la situación en Oriente Medio?

HC: Tal como he afirmado durante los últimos años, la situación en las regiones del Asia Suroccidental -que la nomenclatura eurocentrista nos obliga a denominar Levante y Medio Oriente- debería analizarse en el marco de la crisis global cuyos crujidos anticipan la culminación de un prolongado ciclo histórico que duró al menos cinco siglos, acompañado además de un cambio generacional de características multifacéticas y multidimensionales nunca vistas hasta el presente.

Las regiones mencionadas -y las que se encuentran adyacentes a ellas- no sólo poseen riquezas naturales incalculables, sino también una relevancia geopolítica y geoestratégica que es vital para las principales potencias globales que operan en las mismas, de manera directa, encubierta o clandestina. Potencias aliadas o enfrentadas entre sí, según la crisis que deban enfrentar, accionan generalmente acompañadas por actores extremistas-terroristas; con los cuales componen conjuntamente las piezas claves de este explosivo y altamente sensible tablero geopolítico mesoriental y del llamado Levante.

Las acciones de las potencias globales con membresía permanente y poder de veto en el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas tienen distintos grados de responsabilidad en la caótica situación que atraviesa toda el Asia Suroccidental. Así, las tendencias más pesadas observadas en la actualidad, sumadas a otras emergentes que es posible reconocer de manera cuantitativa y cualitativa, podrían conducir muy probablemente a un agravamiento de los conflictos militares contemporáneos en las regiones mencionadas, incluyendo el caso de uno tan central como el palestino-israelí, con las múltiples fases que ha tenido a lo largo de la historia. Conflictos que están -por otra parte- interconectados por intereses geopolíticos y líneas religiosas e intersectarias con otras contiendas geográficamente más lejanas, como las que tienen lugar en el teatro afgano-paquistaní.

La irrupción de organizaciones vinculadas a la ideología salafista-yihadista en el corazón de Asia Suroccidental, muchas veces asociadas de manera tácita y tantas otras con carácter escandalosamente público con quienes se suponen deberían ser enemigos mortales, verbi gratia Estados Unidos de América, estallan hoy en conflictos de extraordinaria magnitud y que amenazan radicalmente la seguridad internacional.

ISG: ¿Estima que el Estado Islámico prevalece sobre otros grupos terroristas regionales? En caso de que considere que sí, ¿de qué forma?

HC: Si me disculpa, preferiría no darle el crédito del nombre de “Estado Islámico” a esta organización terrorista, y sumarme a quienes utilizan el de “Daesh”, que es la sigla en lengua árabe de la transliteración de Al-Dawla al-Islamiyya fi al-Iraq wa al-Sham o “Estado islámico en Irak y la Gran Siria”. “Estado Islámico” es sinónimo de “Califato” y el Daesh no cumple con ninguna de las normas que le permitiría acreditarse como tal y mucho menos entronizar a un califa como sucesor de Mohammed, profeta para los musulmanes.

Las organizaciones predecesoras del actual Daesh habían crecido vertiginosamente luego del derrocamiento de Saddam Hussein y muy especialmente a partir de la fundación de Jamaat Tawhid wa Jihad o “Congregación Monoteísmo y Guerra Santa” por parte de Abu-Musab Al-Zarkawi en 2004 y hasta el asesinato en 2006 de su líder y posteriormente la de sus inmediatos sucesores. Estos fueron Abu Ayyub al-Masri, alias Abu Hamza al-Muhajir y Hamid Dawud Muhammad Khalil al-Zawi, alias Abu Omar Al-Baghdadi. Ambos fueron también asesinados en abril de 2010, siendo su sucesor el ya nombrado Ibrahim Awwad Ibrahim Ali Al-Badri Al-Samarrai, hoy “califa” Ibrahim.

Para ese entonces, la organización había cambiado varias veces de nombre, siendo conocida también como Tanzim Qaedat Al-Jihad fi Bilad Al-Rafidayn u “Organización Base de la Guerra Santa en el País de los Dos Ríos” en referencia al Éufrates y al Tigris. El nombre más popular de esta última fue “Al-Qaeda en Irak”, aunque en definitiva -y a lo largo de sus continuas metamorfosis y cambios de nombre- jamás mantuvo óptimas relaciones con la organización fundada por Osama Bin Laden. Por último, fue renombrada “Estado islámico en Irak y la Gran Siria” y finalmente Al-Dawla Al-Islamiya o “Estado Islámico”.

“Al-Qaeda en Irak” había sido prácticamente diezmada por la coalición conformada por Estados Unidos y las tribus sunitas laicas iraquíes enroladas en el llamado “Consejo del Despertar”. Sus cuadros debieron entonces replegarse hacia el norte de Irak y las fronteras de este país con Siria, hasta que el Daesh comienza a reorganizarse en Siria a partir de las mal llamadas “primaveras árabes” de 2011. Tal resurgimiento no se habría concretado con la magnitud observada, de no haber sido gracias al poderoso respaldo otorgado por países como Arabia Saudita y Turquía, apoyados a su vez por otras potencias occidentales y regionales lideradas por Estados Unidos y sus aliados atlantistas. El objetivo primario de Arabia Saudita, Turquía y demás actores estatales y no estatales involucrados en el conflicto sirio era derrocar a cualquier costo el régimen de Bashar Al-Assad y desmembrar así el “tridente” geopolítico conformado por Siria, Irán y el Hizballah libanés.

El Daesh prevalece actualmente sobre las otras organizaciones que forman parte del movimiento salafista-yihadista perteneciente al sector más extremista de la rama sunita del Islam. Esto incluye a la degradada Al-Qaeda Central -como se suele llamar a la organización fundada originalmente por Osama Bin Laden- con la cual estuvieron asociados los predecesores del Daesh hasta la ruptura definitiva que se produjo a principios de 2014, cuando Ayman Al-Zahuahiri y su comando central desafiliaron a la organización liderada actualmente por el falso califa.

Asimismo, el Daesh supera ampliamente a organizaciones de menor cuantía que son componentes de la red Al-Qaeda del presente, o que sin pertenecer a ella comparten su ideología salafista-yihadista y el objetivo de instaurar un “estado islámico” en Siria. Esta preeminencia fue lograda gracias a la lucha armada librada por el Daesh contra otros grupos rebeldes del espectro salafista-yihadista, que incluyeron asesinatos de numerosos líderes y comandantes también rebeldes pero considerados como enemigos por las fuerzas del “califa” Ibrahim.

El predominio del Daesh sobre el resto de las organizaciones del movimiento salafista-yihadista radica fundamentalmente en que, a diferencia de Al-Qaeda Central, este ha logrado conquistar al menos temporalmente vastos territorios de Irak y Siria, autoadjudicándose así el derecho a proclamar la fundación de un “estado islámico”. Ni siquiera Bin Laden, vale reconocer, habría soñado con alcanzar en vida dichos objetivos, que el falso “califa” Ibrahim pudo alcanzar aunque más no sea temporalmente merced a las enormes ventajas originadas en gravísimos errores estratégicos de sus enemigos, combinados con respaldos de potencias regionales y globales a esta organización terrorista.

ISG: ¿Considera que el Daesh representa una amenaza a la seguridad internacional?

HC: El Daesh representa una seria amenaza a la seguridad internacional y, como tuve oportunidad de valorar mucho tiempo atrás basado en mapas y documentos publicados por el mismo Daesh, las anheladas fronteras del “califato” salafista-yihadista no se agotan en Siria e Irak, sino que apuntan a aquellos estados que formaron otrora parte de la “Gran Siria”; es decir Jordania, Líbano, Israel y Territorios Palestinos.

Posteriormente y según la misma organización, el Daesh planea expandirse a otras regiones de Asia, Africa del Norte, el Cáucaso y Europa. Los mismos objetivos de la red Al-Qaeda, vale destacar.

Las publicaciones oficiales del Daesh han mencionado en numerosas oportunidades que llegarán hasta Roma, y no se refieren solamente a la capital de Italia sino también y muy especialmente a la Santa Sede. Como muchos de dichos objetivos serán inalcanzables, al menos en el presente siglo, resulta altamente probable que, como sucedió en numerosas oportunidades en España y Gran Bretaña, tanto el Daesh como la red Al-Qaeda e inicialmente células autogeneradas y “lobos solitarios” yihadistas lancen ataques terroristas en diferentes escenarios de la arena mundial. Tal vez para decir: “aquí estamos y aquí seguiremos hasta que sea restaurado el califato en toda Europa y el resto del mundo”…

Finalmente, los riesgos y amenazas que representa actualmente el Daesh no deberían distraer demasiado la atención de las organizaciones extremistas vinculadas a ambas ramas del Islam que de una manera o de otra comprometen la seguridad internacional; y no pocas veces con la complicidad “occidental”.

ISG: ¿Qué piensa de la respuesta occidental con respecto a su desarrollo y progresiva importancia?

HC: La respuesta occidental es ciertamente desastrosa, plagada de actitudes que, si no pueden calificarse taxativamente de cómplices, resultan al menos facilitadoras y funcionales a las organizaciones salafistas-yihadistas lideradas actualmente por el Daesh y la red Al-Qaeda.

El Daesh lucha ofensiva y defensivamente en dos teatros de operaciones militares gracias a las grandes ventajas que otorgan las diferencias geopolíticas de los principales actores estatales y no estatales de la “coalición” encabezada militarmente por los Estados Unidos y que lo combaten. Aunque parezca un disparate, hay una gran cantidad de actores que coinciden en combatir al Daesh en el teatro de operaciones de Irak y basta mencionar a Estados Unidos e Irán, mientras que en el caso de Siria hay potencias regionales como Arabia Saudita y Turquía que respaldan a esta organización y a la constelación de grupos yihadistas enrolados o no en la red Al-Qaeda. Para los gobernantes de los últimos países mencionados, y no son los únicos, parece más importante remover al régimen laico sirio encabezado por el presidente Bashar Al-Assad y debilitar simultáneamente a Irán y al Hizballah libanés, que terminar con la amenaza del falso califato de Ibrahim.

Frente a la situación mencionada, resulta difícil predecir una derrota del Daesh en los tiempos por venir y evitar que se acreciente la expansión actual de la amenaza que representa más allá de las actuales fronteras de Siria e Irak donde se desarrollan los combates. Es que nadie puede combatir a muerte al mismo enemigo en un teatro de operaciones, si hay aliados que respaldan a este en el otro.

ISG: ¿Hasta dónde cree que llegará el Estado Islámico?

HC: Resulta muy difícil determinar los límites reales que pueda encontrar el Daesh en el futuro inmediato y a más largo plazo, ya que los escenarios futuros más probables dependen del rumbo de los acontecimientos y del empeño real en combatirlo por parte de los diferentes actores de la actual “coalición”. Más allá de las potencias globales involucradas, países como Irán y Arabia Saudita y sus respectivos aliados estatales y no estatales, tienen agendas e intereses geopolíticos incompatibles y/o contrapuestos, que podrían obligarlos al uso de la fuerza militar abierta para alcanzar sus objetivos. Estos dos grandes actores mesorientales desarrollan desde mucho tiempo atrás una guerra encubierta con uso de operaciones clandestinas y la táctica terrorista. De ahí a que se desate una guerra clásica convencional hay una distancia difícil de mensurar, pero la probabilidad de ocurrencia es ciertamente alta, lo cual conduce a valorar que ello podría jugar a favor de los intereses del Daesh.

El Daesh se está expandiendo a diversos teatros geográficos como Argelia, Egipto, Filipinas, India, Indonesia, Líbano, Libia y tal vez hasta China, e intentarán hacerlo a cualquier país que en el pasado remoto haya formado parte de los antiguos califatos en el punto máximo de sus apogeos.

ISG: Hace tan sólo días se ha conocido la noticia de que el ministro palestino Ziad Abu Ein ha fallecido –aparentemente- como resultado de acciones militares israelíes en Cisjordania. ¿Cree que esto implicará un recrudecimiento del enfrentamiento entre Palestina e Israel?

HC: Si bien no cabe duda que el ministro sin cartera de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) Ziad Abu Ein fue tratado con rudeza por los efectivos israelíes, el análisis exhaustivo del vídeo hecho público permite en principio excluir una herida de arma de fuego o de un objeto punzante. Si bien la autopsia debe confirmar la causa de la muerte, parecería a simple vista que el ministro Abu Ein murió como consecuencia de un ataque cardíaco sufrido gracias a la situación estresante que vivió en esos momentos y a un estado de salud posiblemente deteriorado.  El fallecido ministro debió purgar una condena a cadena perpetua por haber colocado una bomba de alto poder explosivo en 1979 en una parada de autobuses en Tiberias (Tiberíades), norte de Israel, asesinando a dos adolescentes israelíes de 16 años. No obstante, dicha condena se redujo a muy pocos años, ya que fue liberado gracias a un canje de prisioneros que tuvo lugar en 1985.

Al margen del caso Abu Ein, la violación sistemática del gobierno de Israel a las normas elementales del Derecho Internacional en lo que concierne al conflicto actual con el pueblo árabe de los Territorios Palestinos sobre nuevos asentamientos, entre otros asuntos que es imposible desarrollar en el presente reportaje, permite anticipar la alta probabilidad de incremento de los niveles actuales de violencia, como así también del estallido de una tercera Intifada. Al menos he adelantado esto último desde mucho tiempo atrás y el tiempo dirá si este pronóstico ha sido o no acertado-.

Agradecemos profundamente a Horacio Calderón, quien –a pesar de tener importantes compromisos y obligaciones- nos ha concedido parte de su valioso tiempo para contestar nuestras preguntas.

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